HISOP

No acostumbro a visitar restaurantes con estrellas Michelin, básicamente por un tema de presupuesto que se aleja de lo que normalmente me permite mi economía, pero de tanto en tanto me gusta probar alguno.

Y la verdad es que me da pereza la sobre excitación y el palmerismo gratuito que rodea a alguno de ellos, pero en el caso de Hisop no es así, su chef Oriol Ivern se ha ganado el prestigio a base de buena cocina, honradez y cómo nos comentó el mismo, el boca a boca. Y es que es cierto, no hay mejor recomendador para un restaurante que el boca a boca. También es justo que diga que tenía buenas referencias de Dani Lechuga del Bardeni y de Ricard Sampere que escribe un blog que recomiendo.

Unos días antes contacté para hacer la reserva y pregunté si era necesario avisar de antemano ante alguna cosa que pudiera no gustarme del menú como es en mi caso los quesos. Muy amablemente me dijeron que no me preocupara que se adaptarían a lo que hiciera falta, y así fue.

Quiero resaltar el buen servicio y trato recibido en todo momento y la sensación de que ante cualquier petición no te sentías un bicho raro.

Os paso a describir el menú degustación que hicimos, el cual vino precedido por una cata de aceites de variedades picual y arbequina.

 

De pan podías elegir entre tres tipos: de nueces, normal y una especie de pan de coca. Probé los dos primeros y me gustaron mucho, aunque para los diferentes platos ya seguí con el normal. En la foto podéis ver el de nueces.

Mi acompañante es intolerante al gluten y en menos de 10 minutos le sirvieron dos panecillos sin gluten, muy buen detalle tener en cuenta estas cosas y ofrecer un producto de calidad.

El menú empezó con la calçotada, un calçot, es cierto se ha convertido en un producto mainstream, ya peladito listo para comer, perfectamente cocido con un romesco de pistachos que no me emocionó excesivamente a pesar de estar muy correcto. Aquí pensé, y si te has equivocado?

Pero el siguiente plato se encargó de cortar de raiz esa sensación, espectaculares los guisantes lágrima con erizo de mar y pil pil. Textura perfecta de estos guisantes que con su toque dulce, la potencia del erizo y el pil pil forman una combinación exquisita.

Y ya desde este plato no bajó el nivel, la gamba de Palamós con bearnesa era de perder los sentidos. Frescura máxima y potencia de sabores, un 10.

A la gamba le siguió la alcachofa del Prat con nabos y trufa. Una alcachofa perfectamente confitada en la que debajo llevaba la crema de nabo (que es lo que no me encajó del todo, pero es un gusto personal) y finalmente con la trufa rallada delante del comensal. Veréis en la segunda foto el punto perfecto de la alcachofa en su interior.

En el menú degustación, antes de los postres hay una degustación de quesos, la cual pedí si se podía cambiar. Me dijeron que sí, que ningún problema y además con el detalle de dejarme elegir otro plato de la carta en su lugar. Nos dejamos recomendar por el amable y eficiente personal de sala y elegimos el salmonete con mayonesa de moluscos.

El mejor plato de la noche sin ningún tipo de dudas, el salmonete viene como sashimi cortado en forma de tataki y delante del comensal se le da un toque de soplete, su combinación con la mayonesa de moluscos es espectacular. Espero equivocarme pero ya veremos si este 2017 encuentro un plato mejor… le doy un 11!

El siguiente plato fue el suquet de lluerna con hinojo. El plato así explicado no enamoraba pero la verdad es que me sorprendió. Frescura y cocción perfecta del pescado con los toques de hinojo pero también con una cebolla encurtida y romanescu que le daban unos contrastes muy buenos. Delante del comensal se sirve la salsa del suquet y el plato adquiere mucha potencia de sabor.

A estas alturas ya empezábamos a estar un poco llenos, lo digo por la crítica fácil de los menús degustación de si cuando salgo me voy al frankfurt y cosas del estilo.

Gran colofón antes de los postres el arroz de pichón i cítricos. No es nada fácil clavar un arroz de pichón, el arroz en su punto, el pichón también y el toque cítrico ayuda a compensar la potencia del sabor y lo convierte en un plato muy redondo y que también irá sin ninguna duda próximamente a mi ranking de arroces.

A continuación pasamos a los postres, el primero, maracuyá con piña y finas hierbas. Frescura máxima de este postre que vino ideal después de la contundencia del arroz.

Y el colofón final lo puso la crema catalana con trufa y helado de galleta de mantequilla. Combinación soprendente a la par que buena para un postre además de estético muy redondo. No molesta para nada el toque de la trufa, la crema catalana perfecta de sabor sin exceso de dulzor, gran final del menú.

Finalmente con los cafés e infusiones nos trajeron unos petit fours de los que destacaría las aceitunas, si si lo blanco son aceitunas y con hueso y las trufas.

El menú lo acompañé con dos copas de un vino blanco de l’Empordà que me gustó mucho y que se adapto bien a los platos aunque ya sabéis que eso va a gustos y es tan tan personal.

En conclusión, gran satisfacción por la cocina que hace Oriol Ivern y que os recomiendo encarecidamente, ya sé que no es un restaurante al alcance de todos los bolsillos pero la verdad es que merece la pena ahorrar un poquito y darse el gusto.

Su relación calidad precio me parece excelente con un menú degustación que vale 63€ con las bebidas aparte.

Yo pienso repetir, ahora te toca a ti decidir si te convence o no. Os dejo la cuenta como hago de costumbre para que nadie piense que estaba sobre excitado el escribir. Agradecer el detalle de no cobrarnos las bebidas y los cafés.

Quieres ir a Hisop? Lo encuentras aquí:

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